Roma consagra el legado de Juan Pablo II


El tirón popular de Wojtyla, que alcanza el umbral de la santidad, se mantiene intacto seis años después de su muerte.
El imponente solar que ocupó el Circo Máximo, la mayor pista de carreras de cuádrigas en la antigua Roma, acogió ayer la apertura de los espectaculares actos de beatificación de Juan Pablo II. Miles de personas se congregaron en el corazón histórico de la capital italiana para asistir a una vigilia que dará paso hoy a la ceremonia central de los tres días de macroeventos organizados por la Iglesia. Con su proclamación como beato, Karol Wojtyla alcanza el umbral de la santidad apenas seis años después de su muerte, todo un récord en la institución católica.

Los cálculos sobre los miles de fieles que rendirán tributo al papa polaco durante estos tres días difieren, pero alrededor de un millón de personas podrían asistir a los distintos actos. Al margen de la cifra final, la beatificación de Juan Pablo II se convertirá en el evento más multitudinario del Vaticano tras los funerales del propio Wojtyla y la posterior designación de Joseph Ratzinger. Estas previsiones constatan que el tirón popular del santo padre trotamundos se mantiene intacto en un momento en el que la Iglesia intenta sacudirse definitivamente la lacra de la pederastia.

La vigilia nocturna en el Circo Massimo, que en su época de mayor apogeo tenía capacidad para 250.000 espectadores, fue un sentido homenaje al legado de Juan Pablo II. Durante dos horas, figuras como el español Joaquín Navarro-Valls, exportavoz de la Santa Sede, repasaron la intensa vida del anterior pontífice, que dirigió a la Iglesia durante 27 años. Su secretario personal, el cardenal polaco Stanislaw Dziwisz, también ofreció su privilegiada visión del tercer papado más largo de la historia.

Dziwisz siempre ha destacado la dimensión política de Juan Pablo II. En una reciente entrevista en el diario vaticano ‘L’Osservatore Romano’, recordaba el impacto que tuvo su frase «no tengáis miedo, abrid de par en par las puertas a Cristo». Mensajes como este inspiraron a los obreros del sindicato Solidaridad, que provocaron con sus protestas la caída del comunismo en Polonia y propagaron la democracia por el resto del bloque soviético. «El papa sabía muy bien que las dictaduras se apoyan solo en el temor», remarcó el secretario de Wojtyla antes de indicar que «para derribar esos regímenes no contaba con un ejército, sino con la palabra».

El primer acto masivo de la beatificación también contó con la presencia de una figura clave en el ascenso del papa polaco hacia la santidad. Los miles de asistentes pudieron ver a la monja Marie-Simon Pierre, protagonista del milagro necesario para que un católico alcance la categoría de beato. La religiosa francesa se recuperó inexplicablemente de la enfermedad de Parkinson, que padeció durante cinco años, tras rezar con todas sus fuerzas a Juan Pablo II.

El relato del milagro, validado por una comisión médica del Vaticano, arranca en 2001. Entonces, Simon-Pierre trabajaba en la maternidad de un hospital cercano a Arles, en el sur de Francia. Los especialistas le diagnosticaron Parkinson, la misma dolencia que consumió a Juan Pablo II durante sus últimos años de vida. Los síntomas de la religiosa gala se agravaron precisamente con la muerte del Pontífice, lo que llevó a todas sus hermanas de las congregaciones francesas y africanas a pedir la «intercesión» de Wojtyla.

Eficacia inmediata

Las plegarias tuvieron una eficacia casi inmediata. Tan solo unos meses después la monja francesa estaba curada. La primera prueba de su recuperación llegó cuando intentó escribir el nombre de Juan Pablo II. «¡Mi letra era perfectamente legible! ¡Asombroso! Mi cuerpo ya no me dolía, había desaparecido la rigidez y en mi interior ya no era la misma», relató Simon-Pierre. Pese a que la Iglesia ha avalado el milagro, algunas informaciones cuestionaron que sufriera realmente la enfermedad porque su diagnóstico no es sencillo. Un diario polaco llegó a difundir que la religiosa había sufrido una recaída.

El acto central de la beatificación tendrá lugar hoy en la plaza San Pedro. El Vaticano ha organizado un macroevento reservado únicamente para las ocasiones más especiales. Un total de 14 pantallas gigantes han sido instaladas en la Vía de la Conciliazione -la arteria principal que conduce hasta la histórica basílica- para que los miles de fieles que se esperan puedan seguir la misa oficiada por Ratzinger. La Iglesia ha confirmado que a la ceremonia asistirán delegaciones de 87 países, que incluyen la presencia de 16 jefes de Estado y seis primeros ministros. Los príncipes de Asturias encabezarán la representación española.

Ratzinger, que al inicio de su papado anunció que solo celebraría canonizaciones, hará una excepción con su predecesor, al que estuvo estrechamente unido. El papa germano lucirá además una casulla -la prenda alargada que se colocan sobre el resto de su vestimenta- y una mitra que utilizó Juan Pablo II. Tras la beatificación, el santo padre y los cardenales venerarán los restos del pontífice polaco, que han sido traslados desde las Grutas Vaticanas hasta la basílica de San Pedro para que todos los católicos puedan rendirle tributo nuevamente. Los actos terminarán mañana con una misa de acción de gracias oficiada por Tarcisio Bertone, secretario de Estado del Vaticano.

Fuente: lasprovincias.es

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