Quiénes quedarán bajo el agua en el siglo XXI


El panorama se parece al de una película catástrofe. Los científicos identificaron las ciudades que se inundarán si el océano crece por lo menos un metro.
“Nuestro Planeta Tierra se debería llamar ‘Planeta Mar’, ya que el océano mundial ocupa dos tercios de la superficie”, asegura Olga Sobolevskaïa, en su artículo publicado en RIA Novosti. De hecho, el comportamiento incontrolable del océano es uno de los temas que se tratarán en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático que se desarrolla, hasta el 9 de diciembre, en Cancún.

Las primeras zonas en inundarse serán San Petersburgo, la península de Yamal, Alemania del norte, Holanda y los deltas de los ríos Nilo en Egipto y el Ganges en India, según predice Serguiï Dobrolioubov, titular de la cátedra de Oceanología de la facultad de Geografía de la Universidad de Moscú.

Si el océano creciera entre un metro y un metro y medio, toda Bangladesh (con cerca de 17 millones de víctimas) quedaría bajo el agua. Florida y las islas Maldivas estarían en zona de riesgo también.

El océano se expande

Según los estudios del equipo espacial ruso, actualmente el océano crece de 2 a 3 milímetros por año. Este fenómeno se produce por dos razones: el derretimiento de los hielos continentales y la expansión del agua producto del calentamiento global (según las leyes de la física, el tamaño de un cuerpo aumenta con el calor).

Que el océano crezca un metro hacia finales del Siglo XXI, a simple vista no parece una cifra irreal. Sobre todo, si se tiene en cuenta cómo crece el mar Caspio, que desde 1977 aumentó su nievel en 2,5 metros. Pero a diferencia de este caso puramente local, el posible crecimiento oceánico sí es un tema mundial, ya que concierne a innumerable cantidad de países.

La oleada mortal

En los últimos 60 años, según los oceanólogos, las olas de las tormentas ganaron en altura. Como consecuencia de esto su potencial destructor crece, en especial en el Atlántico Norte. Desde comienzos del Siglo XXI, las olas mortales se volvieron extremadamente peligrosas para los barcos y las plataformas petroleras, por poner sólo dos ejemplos.

La interacción extrema entre la atmósfera y el océano, los tsunamis, los tifones y las tormentas es la más aterradora por la cantidad de víctimas que deja.

En 2004, el tsunami en el Océano Índigo mató a 270 mil personas. Ensayando un paralelo histórico pesimista, los especialistas se remontan a las sociedades desaparecidas y vaticinan un escenario similar al de la explosión volcánica en la isla Santorín, en Creta, que destruyó la civilización minoica.

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