El Mono Jojoy, un sanguinario narcoguerrillero, astuto y atormentado por la diabetes


El líder terrorista se jactaba de haber ingresado a las FARC a los 12 años. Afiló su destreza militar en la URSS. Célebre por su frialdad para matar, pasó sus últimos años enfermo en la selva.
Si las bombas del Ejército colombiano no hubieran abatido a Víctor Julio Suárez Rojas, alias “Jorge Briceño Suárez” o “Mono Jojoy”, la diabetes lo hubiera liquidado pronto. En 2009 se supo que el legendario líder de la guerrilla agonizaba incomunicado en su escondite selvático, alejado de sus subordinados por temor a que lo entregaran.

El vigor físico a pesar de su prominente abdomen y la astucia estratégica a pesar de su incontinencia violenta se desvanecían. El entrenamiento de los años setenta en la Unión Soviética había quedado atrás, y el terrorista estaba acabado. Pero conservaba su autoridad y su capacidad de mando, y era, de hecho, el número dos de las FARC y miembro destacado del Secretariado de la guerrilla.

Juan Manuel Santos, hoy presidente y por entonces ministro de Defensa de Álvaro Uribe, ofreció a “Jojoy” atención médica e insulina a cambio de deponer las armas. No hubo caso: era el más intransigente y radical de los cabecillas. A tal punto que ordenó secuestrar o asesinar a todo funcionario público colombiano que no aceptara los pedidos de renuncia que él les dirigía desde su comando.

Sus hombres tenían que cargarlo cada vez que había que trasladarse a otro campamento. Ni siquiera en esa situación humillante se quitaba su boina a lo Ernesto Guevara. Solía jactarse de haber comenzado su carrera en la guerrilla desde el escalafón más bajo, a los 12 años, cuando fue reclutado en su natal El Cocuy junto con su hermano.

Aunque era el comandante del sanguinario Bloque Oriental de las FARC, vivía separado de sus tropas por miedo a que se tentaran con los 5 millones de dólares ofrecidos por su cabeza. A su círculo íntimo sólo ingresaban combatientes veteranos de su mayor confianza. Y mujeres, muchas mujeres.

Pesaban sobre él 62 órdenes de captura, 12 medidas de aseguramiento, 5 condenas, 2 peticiones de extradición y 25 investigaciones preliminares por los delitos de narcotráfico, terrorismo, rebelión, homicidio con fines terroristas, secuestro, constreñimiento ilegal, lesiones personales, asalto, extorsión, conspiración en actividades del narcotráfico y secuestro, hurto, porte ilegal de armas y otros.

“Jojoy” protagonizó varias de las acciones de mayor calibre de las FARC. Asaltó bases militares, plantó kilos de explosivos y planeó y dirigió asesinatos de políticos, empresarios, diplomáticos y militares.

Las autoridades lo consideraban como uno de los responsables del secuestro del niño Emanuel, hijo de la ex candidata Clara Rojas, y de Ingrid Betancourt. En 2003, el Gobierno lo acusó por el atentado con coche-bomba contra el club El Nogal, que dejó 36 muertos y por el que fue sentenciado a 40 años de cárcel. Jamás cumplió ni cumplirá la condena.

“El símbolo del terror ha caído”, anunció Santos cuando supo de su muerte. El Ejército todavía no podía retirar su cuerpo del campamento en la selva. “El Mono Jojoy” no se entrega ni muerto.

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